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La inteligencia artificial aprende cada día más de los humanos y, por tanto, puede aprender también a replicar nuestros sesgos.

Jerson Del Rosario
Acento - 27 de abril de 2023

Desde el lanzamiento de ChatGPT, un robot de inteligencia artificial (IA) que interactúa con usuarios a través de un chatbox, el tema se ha vuelto viral alrededor del mundo. En efecto, el frenesí ha provocado diversas opiniones sobre el potencial, límites, riesgos, oportunidades, y ciertamente sobre las preguntas más fundamentales que la IA supone para la sociedad.

Desde el siglo pasado, futuristas y profetas tecnológicos anunciaban la llegada de un futuro en el que, por un lado, la humanidad podría alcanzar su pico civilizatorio de progreso sin precedentes, o por el otro, colapsar bajo el dominio absoluto de la tiranía.

Si bien con ChatGPT podría ser la primera vez que la gente común interactúa con la IA, los avances en ese campo han estado en proceso durante décadas. Sin embargo, la aparición de ChatGPT es diferente: su impacto en la cultura pop, los negocios y la industria tecnológica parece como si el futuro predicho finalmente hubiera llegado, desde ya cambiando la forma en que las organizaciones y las personas interactúan con las tecnologías digitales. Entonces, ¿cómo podemos nosotros en el sector del desarrollo internacional responder al uso masivo de la IA y sus implicaciones para el futuro?

En esta entrega, reflexiono sobre la IA llegando a ser cada vez más de dominio popular y proponemos algunas maneras en las que desde el desarrollo internacional puede aprovechar su potencial para avanzar en una agenda en la que todos y todas estén incluidos en los beneficios de la IA.

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